131º aniversario del nacimiento de Elisa Leonida Zamfirescu, una de las primeras mujeres ingenieras.

Elisa Leonida Zamfirescu fue, sin duda, una de las mujeres que más ha ayudado a cambiar la historia de las mujeres facilitando su reconocimiento e inserción laboral en los campos científicos y docentes en condiciones de igualdad con los hombres. Quizá ése fue su mejor legado, por encima de su gran trabajo de laboratorio, académico y de campo.

Convertida en una de las primeras mujeres ingenieras reconocidas de la historia, echó por tierra todos los cánones que marcaba la sociedad clasista de la época para las mujeres. La ingeniería, como tantas otras actividades y estudios, estaba considerada una tarea pesada e inasumible por quienes tenían que dedicarse al cuidado de la casa y a la educación de los hijos, algo que Elisa se encargó de demostrar que era un prejuicio erróneo y un argumento banal.

Con el paso de los años, no solo hizo realidad su sueño de convertirse en ingeniera con todos los honores, sino que demostró su valía con la dedicación con la que se empleó siempre en su trabajo y las brillantes contribuciones que realizó en el campo de la geología, con nuevos métodos de análisis de los minerales y sustancias. Lideró grupos de trabajo y dirigió laboratorios con pasión porque le preocupaba el bienestar de las personas. Tanto disfrutaba de su trabajo que compaginó la investigación y la docencia hasta después de la edad de jubilación, manteniéndose en activo hasta los 75 años.

Elisa Leonida Zamfirescu nació el 10 de noviembre de 1887, en la ciudad rumana de Galati. Su padre era oficial de carrera y su madre hija de un ingeniero francés. En un ambiente de familia numerosa en el que creció con 10 hermanos, Elisa no fue la única que destacó en su campo: su hermano menor Gheorghe participó en el equipo de escultores que trabajó en la estatua del ‘Cristo Redentor’ ubicada sobre el cerro del Corcovado en Brasil; otra hermana, Adela, fue una oftalmóloga de gran prestigio que llegó a ser dirigir un hospital en Rumanía, y su hermano mayor, Dimitrie, también fue ingeniero especializado en energía y el autor de un museo técnico que lleva su nombre en la actualidad.

Brillante estudiante en Primaria en su ciudad natal, la afición de Elisa por las matemáticas, la física y la química la llevaron terminar sin problemas la Secundaria en Escuela Central para Niñas en Bucarest. Obtuvo el título de bachiller con muy buenas calificaciones y se planteó seguir los pasos de su abuelo y su hermano decantándose por estudiar ingeniería.

Intentó, sin éxito, matricularse en la Escuela Nacional de Puentes y Caminos de la capital rumana, porque fue rechazada por ser mujer. Pero Elisa no se rindió y decidió emigrar a Berlín para inscribirse en el la Universidad Técnica en 1909. Allí fue aceptada pero también tuvo que sufrir al principio la humillación del propio decano al recordarle que las mujeres tenían dedicarse a la cocina, a los niños y a la Iglesia, y de los propios compañeros, que directamente la ignoraban.

Fue la primera mujer en inscribirse en aquella universidad y pagó un alto precio por ello, pero también hizo realidad lo que tanto anhelaba solo tres años después: en 1912 se graduó con honores, y hasta el propio decano reconoció su valía y capacidad definiéndola como “la más diligente de los diligentes”, convirtiéndose de este modo en la primera ingeniera de Rumanía y en una de las primeras de Europa, ya que la irlandesa Alice Jacqueline Perry se graduó algunos años antes que ella.

Elisa Leonida regresó a Rumanía para iniciar su carrera laboral como asistente en el Instituto Geológico del país, que poco tiempo después pasó a dirigir. Durante la Primera Guerra Mundial se unió a Cruz Roja y fue gerente de un hospital en la pequeña ciudad de Marasesti, lugar de la batalla final entre Rumanía y Alemania en 1917. En estos tumultuosos años también conoció y se casó con el químico Constantin Zamfirescu, con quien tuvo dos hijas.

Después de la guerra, y ya con el apellido Zamfirescu unido al de Leonida, Elisa regresó al Instituto Geológico para dirigir varios laboratorios de geología y participar en diversos estudios de campo, incluidos algunos que identificaron nuevos recursos de carbón, gas natural, cromo, bauxita y cobre. Desarrolló nuevos métodos y técnicas de análisis para estudiar minerales y sustancias como el agua, el carbón y el petróleo, compaginándolo con su faceta de docente de física y química en una escuela femenina y en la Escuela de Mecánica y Electricidad de Bucarest.

Conocida por prestar especial atención a la capacitación del personal al que dirigía, pero en el fondo con el que trabajaba codo con codo, y pasar largas horas como mentora de jóvenes químicos, Elisa trabajó incluso después de la edad de jubilación y no se retiró por completo de los laboratorios y de la docencia hasta la edad de 75 años y después de medio siglo de carrera profesional.

Elisa Leonida Zamfirescu falleció en Bucarest el 25 de noviembre de 1973, a los 86 años de edad. La calle donde vivió en la capital rumana pasó a denominarse con su nombre 20 años después de su muerte, en 1993. Pero no es el único reconocimiento a su gran contribución a la ciencia, ya que un premio con su nombre honra cada año desde 1997 a las mujeres con los trabajos más destacados en los campos de la tecnología y la ciencia.

 

Fuente: “El País”

Anuncios

Publicado el 10 noviembre, 2018 en Aniversarios, Mujeres científicas, Noticias. Añade a favoritos el enlace permanente. 1 comentario.

  1. ¡Gran entrada! Valiente como pocas y gran ejemplo para todas… Y las que nos quedan por nombrar.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: